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Friday, October 16, 2009

Ejercicio 5: A veces en la tarde cuando salgo por la calle me pregunto ¿en dónde estás?

Antes cuando era joven y todavía creía en el amor, era aun mas obsesivo de lo que soy hoy. contó Juan Pablo de lo culero que era ese trabajo de repartidor cuando tenias novia o prospecto o cuando acababas de terminar una relación o cuando no tenias a nadie que te pelara, bueno no, mas bien ese trabajo siempre era culero. Por suerte en mi actual trabajo, no tengo tiempo para pensar pendejadas.

La otra vez le decía a Juan Pablo que imaginaba los pensamientos de Giovanni dos Santos, durante el partido contra Honduras donde el joven se perdió por completo. Le comentaba que seguramente antes de recibir el balón, el volante se preguntaba ¿Que estará haciendo Belinda?, ¿ Estará con sus amigas?, ¿ Estará con él? ¿ Estará en su casa? ¿Le marco cuando acabe el partido? ¿Lo tendrá en modo de silencio?¿Por que me habrá desviado?¿Por que no me contesto el mensaje? ¿ Tendrá saldo? ¿Se le habrá acabado la pila o lo habrá apagado? y un sin fin de tonterías que pensamos los hombres y por ello fallaba en la recepción del esférico.

Creo que el ejemplo anterior se puede aplicar a una gran cantidad de hombres en este país. En algunos casos la histeria nos lleva a marcarle a la persona y preguntar su ubicación, estado, compañía o tiempo estimado de arribo a su domicilio. Si esta persona es tu esposa o chance hasta tu novia, escuchas una respuesta, esperando y rogando a las fuerzas superiores que sea cierta. Pero en caso de que hayas terminado hace cinco años con la otra persona, se haya casado y tenga dos hijos, solo escucharas el tono de que te han colgado y tendremos que seguirla esperando fuera de su casa, escondido detrás de unos arbustos.

Ejercicio 5: A veces en la tarde cuando salgo por la calle me pregunto ¿en dónde estás?

A los doce o trece años me hice la fanática mexicana más grande de Catherine Zeta-Jones. Compraba todo lo que veía de ella, así fuera una revista Vanidades de 50 pesos por el simple hecho de que su fotografía diminuta adornaba los horóscopos. Perfumes y maquillaje de Elizabeth Arden, películas, propaganda, soundtracks, etcétera, incluso saqué la cuenta una vez y había gastado aproximadamente 15 mil pesos rindiéndole homenaje.


Un día, me enteré que regresaría a nuestro país para filmar la secuela de La máscara del zorro. Me emocioné demasiado, TENÍA que ir a la Hacienda Gogorrón en San Luis Potosí, donde se llevaría a cabo la mayor parte de la filmación. Le platicaba a todo mundo de mi júbilo y emoción, hasta que di con la persona indicada: Lulú, mi prima hermana que se la vivía en mi casa; comentó que el hermano de su papá era no-sé-qué en el gobierno de aquel estado y seguramente podía echarme la mano en algo, prometió preguntarle ASAP. Así lo hizo. Transcurrida la semana tenía yo una habitación reservada en el mismo hotel donde se hospedaba ella y pases exclusivos a la Hacienda. Mi emoción era grande, de niveles indescriptibles, lo único que necesitaba era trasladarme lo más pronto posible. Corrí con mi papá y le conté la buena nueva, no le pareció mucho, pues Lulú es sobrina de mi mamá, y a él, su familia no le cae ni a mentadas de madre, pero de todas formas prometió llevarme en el transcurso del mes. No lo hizo, ni ese, ni el mes que siguió, ni el que siguió, ni el que siguió... Caí en una depresión adolescente terrible, y me hice adicta a las caminatas diurnas en donde le preguntaba al sol si estaba siendo testigo de los pasos de mi Catherine, si seguía en México, o mejor aún, si había visitado Gudalajara. Pero por más que la busqué, no la encontré.

Thursday, October 15, 2009

Ejercicio 5: A veces en la tarde cuando salgo por la calle me pregunto ¿en dónde estas?

Sé exactamente como empezó esta historia. Fue ya hace varios años, era un sábado, principios de año si no mal recuerdo, estaba ayudando a Francisco a repartir revistas, estábamos repartiendo sobre la misma avenida; él de un lado de la calle y yo el otro.

El sol invernal de media tarde es muy molesto, sin decir nada decidimos hacer un alto para descansar en la sombra. A lo lejos vi a un niño que repartía algo, creo que era comida, entonces le dije a Francisco:

Pobre güey, tiene que andar en la calle solo todo el día... pensando "¿qué estará haciendo esa vieja?"

A lo que Francisco respondió:

Si, no ma', pobre cabrón, todas las pendejadas que le han de estar pasando por la cabeza.

Después de eso, sin mirarnos, y sin decir más, pues entendíamos exactamente lo que ambos estábamos pasando, decidimos continuar hasta terminar con la ultima revista; con la paga de ese día seguramente nos fuimos a embriagar mucho.

Este fenómeno ha sucedido a lo largo de la historia de los hombres en incontables ocasiones, ya me imagino a Bruce Willis recibiendo un Oscar y mientras camina al estrado para recibirlo seguramente va pensando: ¿Dónde estará Demi ahorita? ¿Me estará viendo?

Últimamente he dejado de usar el carro, ahora suelo caminar al metro de ida al trabajo y luego de regreso. Afortunadamente ahora todos mis mal viajes en "soledad" son pacheco-artístico-musicales. Pero a veces... y sólo a veces me pregunto ¿en dónde estas?